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Nuestra relación con el medio, importancia y virtudes.

Haciendo hincapié en nuestro poder social, hemos de mencionar la importancia de la comunicación. Como ya mencionaba Pérez (2006) en el Brillante Aprendiz, somos resultado de la interacción social, y como tal uno de tantos factores importantes, la comunicación se vuelve un influyente fundamental. Podemos ver su repercusión en muchos momentos de nuestro ciclo vital, sin embargo, hagamos memoria hasta nuestros primeros momentos de interacción. Todos y todas recordamos aquellos primeros momentos de libertad cuando salíamos al recreo en el colegio. No teníamos en mente otro pensamiento que no fuera jugar con aquellos que existía mayor afinidad, sin embargo ¿qué pasa cuando no sientes que perteneces a ningún grupo? 

He aquí el comienzo de todo. Empezamos a tener identidad social (Jenkins 1996, en Macionis y Plummer, 2011) siendo nuestro entorno el principal protagonista en esta configuración. Encontramos a diferentes autores como Sandín, (2004 en Martínez, Quiles, Marín y Pina 2017) que aluden al tema diciendo lo siguiente: “La vinculación a un grupo y la presión de los compañeros/as cuando éstos están centrados en la tarea escolar puede funcionar como motor de la implicación de los alumnos en el aprendizaje, contribuyendo a mantener niveles de ansiedad adecuados ante los exámenes”. ¿Qué pasa cuando salimos de la escuela?
La comunicación entre la familia; familia - escuela; familia - sujeto; sujeto - docente; sujeto - grupo de iguales es algo que se mantiene de forma aislada y con poca repercusión durante el proceso, pero por el contrario cuando pasado un periodo de tiempo se toma consciencia al aparecer las consecuencias.
Santos Guerra (2015), previene estas consecuencias y se centra en los procesos de identidad personal siempre se dan en contextos culturales determinados y complejos. La cultura es la que permite ir a los sujetos más allá de sus disposiciones naturales biológicas; la cultura es la que permite tener identidad personal. La familia es la que media o filtra la presión cultural y social en la construcción de la identidad personal del niño. El reconocimiento de la identidad como capacidad básica de todo ser humano, aceptar mi identidad mediante la diferenciación con los demás. Aquí entra el papel de la educación, como bien menciona José Manuel Esteve, nuestra profesión nos lleva a una constante formación. En su libro, Educar: un compromiso con la memoria nos hace referencia de nuestro punto de partida en el ámbito profesional, en el cual no podemos dejar de formarnos. Ahora bien, parémonos a pensar en el sentido de la educabilidad que ofrecemos a nuestros más pequeños, pensemos como somos de influyentes en su vida, y tengamos profesionalidad para poder enseñar a vivir educando.  Con las siguientes palabras afirma: 
“Eso es lo que ofrece la educación. No importa la acción humana que afrontemos, siempre se puede hacer de 2 maneras: a lo bestia; o desde la información, la sensibilidad, el conocimiento y unas actitudes hacia las personas y las cosas que de notas que hemos desarrollado valores y pensamientos.”  (Esteve, 2010) 




Ken Robbinson se pronunciaba diciendo que la educación es un arte y como tal, trae consigo la libertad y el poder de cambio. La libertad para romper tópicos, malas costumbres, enseñar sin ser una obligación, sino tener albedrío de aplicar diferentes metodologías en función del escenario en el que toque la vivencia. 


BIBLIOGRAFÍA:
- Esteve, J. (2010). Educar, un compromiso con la memoria. Barcelona: Octaedro.
- Maciones, J. y Plummer, K (2011). Sociología. (4) Pp. 192 Madrid: PEARSON EDUCACIÓN, S. A.
- Martínez, R. T., Quiles, J. M. O., Marín, A. R., & Pina, J. A. L. (2017). Evaluación de la ansiedad ante los exámenes en estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria. Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes, 4(2), 103-110.
- Pérez Alonso-Geta, P. (2007). El Brillante Aprendíz. 1. Barcelona: Ariel.

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